En estos momentos la Junta Central de Comparsas cuenta con una sede situada en la céntrica y emblemática calle Nueva, precisamente en el edificio situado en el número 8 de dicha calle, la popularmente conocida como “Casa de Rosas” o “Casa de la Viuda de Rosas”, que albergó durante años a esta familia conocidísima en la ciudad y su negocio particular de almacenaje y venta de pieles.
El origen de la casa
El inmueble debe su nombre popular a Doña María Dolores Amat Vidal (1894-1979), quien quedó viuda del industrial Norberto Rosas Sabater (1888-1922). La estética del edificio, de un marcado carácter ecléctico y academicista con sutiles resonancias modernistas, es un fiel reflejo de la opulencia y los gustos de la nueva burguesía eldense de las primeras décadas del siglo XX, una clase social que floreció gracias al espectacular desarrollo de la industria del calzado en la ciudad.
Un refugio en tiempos de guerra
Más allá de albergar el negocio de pieles de la familia Rosas y de ser la residencia del caricaturista Óscar Porta Carbonell y del escritor José Capilla Beltrán, el edificio guarda un importante capítulo de la historia solidaria de la ciudad. Durante los años de la Guerra Civil Española, el palacete fue requisado y transformado en la sede local del Socorro Rojo Internacional, una organización asistencial que prestaba ayuda humanitaria y médica.
La gran reforma (1999-2003)
El camino para que la Junta Central tuviera su "casa propia" comenzó a materializarse en enero de 1999, cuando el Ayuntamiento de Elda compró el inmueble a los herederos de la familia Rosas. El proyecto de rehabilitación de la fachada histórica y la edificación del nuevo complejo funcional en el solar interior fue diseñado por el arquitecto Mariano Cuevas. Las obras se concentraron en el año 2002 y supusieron una inversión cercana al millón de euros.
El día de la inauguración
La jornada comenzó con un fuerte carácter institucional en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Elda. Allí, el alcalde, Don Juan Pascual Azorín, ejerció de anfitrión recibiendo a una nutrida representación civil, eclesiástica y festera. El acto estuvo marcado por la gratitud: el alcalde hizo entrega de unos cuadros conmemorativos a las autoridades invitadas y a los presidentes de cada una de las comparsas, un gesto que simbolizaba la unión de toda la ciudad en torno al nuevo proyecto. Entre los asistentes destacados se encontraba Don Victorio Oliver (obispo de la diócesis de Orihuela-Alicante), José Blanes Peinado (presidente de la Junta Central de Comparsas) y el presidente de la UNDEF (Unión Nacional de Entidades Festeras).
Al término de la recepción, las puertas del Ayuntamiento se abrieron para dar paso a un pasacalle muy especial que sirvió de hilo conductor hacia la nueva sede. El desfile estuvo cargado de simbolismo festero: estaba encabezado de forma solemne por la bandera de la Junta Central, seguida de cerca por las abanderadas y capitanes de las Fiestas de 2002, quienes portaban con orgullo las enseñas oficiales de sus respectivas comparsas.
A pesar de ser una tarde-noche de invierno rigurosamente fría y con bajísimas temperaturas, el calor humano lo inundó todo. Unos 2500 eldenses abarrotaron por completo la calle Nueva y la calle Colón, agolpándose para ser testigos de un hito que la ciudad llevaba años esperando.
Frente a la deslumbrante fachada modernista restaurada, la organización había erigido una tribuna ad hoc desde la cual las autoridades se dirigieron a la multitud. Para que nadie se perdiera un solo detalle, se instaló una pantalla gigante en la calle, algo muy innovador para la época. En ella se proyectaron imágenes del laborioso proceso de rehabilitación que había transformado el viejo almacén de pieles en un complejo vanguardista, permitiendo a los ciudadanos apreciar el antes y el después de la obra.
Tras las emotivas palabras del presidente de la Junta, el alcalde y el propio obispo —quien bendijo las instalaciones—, llegó el momento cumbre. Las autoridades procedieron a cortar la cinta inaugural y a descubrir la placa conmemorativa que inmortalizaba la fecha.
En ese preciso instante, la tensión y la emoción contenida estallaron cuando la Banda de Música Santa Cecilia de Elda comenzó a interpretar los acordes del pasodoble Idella, el himno oficioso de los Moros y Cristianos de la ciudad. El eco de la música resonando entre las paredes de la remozada casa de la calle Nueva provocó las lágrimas y los aplausos de los miles de festeros allí congregados.
Más allá del protocolo, la inauguración de aquella noche supuso un profundo alivio histórico para la Fiesta. Desde que se recuperaron los Moros y Cristianos en la era moderna, la Junta Central había vivido una etapa nómada e itinerante, peregrinando por diferentes locales provisionales y despachos prestados de la ciudad como la casa ubicada en la esquina de la calle Juan Carlos I y la calle Reyes Católicos —en el lugar donde inician varios desfiles de la fiesta— o la casa llamada El Alminar, situada en la calle Aragón.
La apertura de las puertas de la Casa de la Viuda de Rosas —que formalmente comenzó a usarse masivamente pocos días después, durante la Media Fiesta y los actos en honor a San Antón— puso fin para siempre a ese peregrinaje, dotando a los festeros de un "hogar propio" a la altura de la categoría internacional que sus fiestas ya proyectaban.
Un contenedor cultural vivo
En las últimas dos décadas, la Casa de la Viuda de Rosas ha cumplido con creces las expectativas de su inauguración. Sus tres plantas, sótano y patio no solo gestionan el día a día de la organización de las fiestas, sino que custodian un valioso patrimonio documental en su extensos archivos musical y de publicaciones festeras así como otros elementos históricos de la fiesta que se han ido recuperando en los últimos años.
El edificio sigue plenamente activo y adaptándose a los nuevos tiempos. Como muestra de su relevancia actual, sus salas han acogido proyectos de gran calado cultural, como la digitalización y exposición de la cartelería histórica de las fiestas de Moros y Cristianos (logrando recuperar y exhibir los carteles originales de la época dorada entre 1946 y 1965). Este trabajo de preservación de la identidad y la memoria festera ha sido un argumento clave en el prestigio de unas fiestas que continúan proyectando el nombre de Elda a nivel internacional. Además, acoge anualmente las exposiciones de obras procedentes del concurso de fotografía y del concurso de carteles que organiza la Junta Central. En el salón de actos de la segunda planta se celebran no solo actos relacionados con la fiesta, sino otros promovidos por distintos colectivos de la ciudad y que celebran en él distintos eventos como conferencias, charlas, presentaciones de publicaciones, etc.
